lunes, 13 de febrero de 2017

«Las mujeres tenemos un problema para acceder al dinero en el cine»

Entrevista con Neus Ballús publicada en la Revista Minerva


Neus Ballús. (Foto: Lorenzo Cerrina)
Neus Ballús. (Foto: Lorenzo Cerrina)
Neus Ballús hace cine. En 2013, con su ópera prima La plaga, nos dijo que había que luchar para salvar lo poco que nos queda. Esta directora catalana emplea la cámara para enseñarnos la piel y la carne de la que estamos hechos. Lo hace desde una mirada transparente, real y necesaria.

Javi Álvarez: Sabía que habías dirigido, escrito guiones, montado y hasta producido, pero me sorprendió enterarme de que también presentaste informativos para la televisión local CityTV.

Neus Ballús: Empecé a trabajar en teles locales con 18 años. Soy activa, así que cuando entré a estudiar audiovisuales, me fui a la tele de mi pueblo y pedí hacer prácticas. En esas televisiones lo hacías todo, incluso presentar. Tenían cero presupuesto, así que solo te pagaban el transporte. Cuando estaba en segundo año de carrera se abrió CityTV y un profesor preguntó quién de la clase tenía interés en trabajar allí. Unos cuantos fuimos a las pruebas. Trabajé durante los fines de semana como presentadora, lo que me permitió pagarme la carrera y el master. Yo tenía muy claro que no me iba a dedicar a eso. He aprendido muchas cosas del periodismo, pero también tenía claro que no era mi territorio natural y, cuando pude, lo dejé y monté la productora El Kinògraf.

JA: ¿Siempre tuviste claro que querías hacer cine?

NB: No tengo la típica historia de alguien que siempre ha soñado con dirigir películas. Ni siquiera era demasiado cinéfila. Empecé la carrera pensando que, de alguna forma, el audiovisual me permitiría aprender un lenguaje y, a través de él, explicar lo que me interesaba. Fue a mitad de la carrera, al hacer las asignaturas de documental, cuando empecé a sentir que en realidad mi punto de vista sobre algunas cosas era distinto del de los demás y que además si yo no lo hacía, nadie iba a contar según qué cosas. Ahí es donde nace la necesidad de ponerme a filmar algo realmente propio, como un impulso natural. Empecé con una pieza sobre mi abuelo. Se había comprado una cámara, se había puesto a filmar y estaba haciendo unas cosas alucinantes. Me di cuenta de que si no lo hacía yo nadie lo mostraría. Me propuse documentar lo que tenía cerca, con mi punto de vista y ver a dónde me llevaba. Los proyectos han venido uno detrás de otro y yo he ido definiendo mis temas y mi lenguaje.

JA: En tus tres primeros cortos (L’avi de la camera, Quan plovien bombes e Immersió) se ve claramente tu mirada, pero siempre la muestras a través de la mirada de los otros

NB: Yo tiendo a ponerme en la piel de los demás. Cuando un personaje me interesa es porque me identifico, o porque quiero identificarme. Busco aprender, entender cómo ve el mundo esa persona. Me sitúo a su lado y explico lo que comparto, las diferencias no están. Me han dicho que en lo que hago no hay enemigos, no hay malos. Simplemente están los que me han interesado.

JA: También de ese periodo surge Barcelona any zero y Barcelona any 1, una serie de televisión. ¿Qué cambia?

NB: Realmente es como hacer gimnasia: pensar rápido, rodar rápido… Aprendes algo de insatisfacción en cada capítulo, porque tú sabes que no estás llegando, que te quedas más cerca del periodismo de telediario que del documental. Yo soy muy lenta, lo he descubierto y lo admito. Sé que necesito tiempo si quiero quedar satisfecha con el resultado. La televisión, de momento, no es el medio.

JA: Después llega La plaga, una película de personajes, sentimientos y realidades que trata muchos temas y ninguno de ellos se superpone a los demás. ¿De qué podría ser una metáfora?

NB: A la hora de hacerla no pensábamos en esos términos. Era mi primera experiencia de algo largo. Sentía que fluían varios temas, inquietudes y sentimientos mezclados a raíz de conocer a estos personajes. Realmente hasta que terminamos la película, no sabíamos que estábamos haciendo, ni de qué iba, ni qué temas eran los centrales. Ahora puedo mencionar varios: hacerse mayor, la periferia, la situación de exclusión… Lo que estuvo desde el principio fue el título. Siendo una zona de agricultores, los problemas con las plagas se repetían cada verano. Siempre batallando para que aquello tirara adelante. El tema de la lucha, de la resistencia a las adversidades que vienen quién sabe de dónde, era lo que unía a todos los personajes, pero quizá tampoco es el tema principal.

Cartel de la película La plaga, de Neus Ballús
Cartel de la película La plaga, de Neus Ballús
JA: ¿Tenías claro desde el principio que iba a ser una película de ficción?

NB: No. Empecé pensando que era un documental absolutamente normal, porque era lo que venía haciendo. No me planteaba hacer una ficción. Lo que pasa que mi concepto del documental siempre ha sido muy abierto y no tengo manías. Si quiero retratar algo que veo, tengo que conocer bien lo que estoy explicando para no sentirme una impostara. Pero si lo conozco y estoy segura de mi punto de vista, no me importa llegar hasta la ficción con elementos reales. Es cine, no podemos fingir que no estamos manipulando porque también en el documental se manipula. No tenía estas reticencias, incluso partiendo del documental. Y así fui llegando cada vez más lejos.

Es verdad que mis referentes proceden de la ficción y no de documentales. A nivel formal me gusta mucho las películas corales de Claire Denis o las de atmósfera de Lucrecia Martel. Vi también muchos westerns. Apliqué todo esto a gente y elementos que eran verdad.

JA: Cinco años es un proceso larguísimo, ¿no?

NB: Como sé que soy lenta no tengo problema con eso. Pero fue muy duro, costó mucho levantar la financiación. No es fácil explicar el proyecto y que la gente vaya confiando en ti, pero salió de una forma sorprendentemente rápida para una ópera prima. Esperamos dos años para ir conociendo a los protagonistas antes de ponernos a filmar. Hicimos varias fases de rodaje, aunque lo concentramos alrededor de un verano. Después vinieron nueve meses de montaje, con muchos cambios. Al final la película sale a la luz y la empiezas a acompañar por festivales. Creo que es el proceso normal, lo que pasa que se suele hacer simultáneamente con otros proyectos. A mí no me dejaba. Trabajando con gente real, no les puedes abandonar, tienes que tener un contacto muy real, directo y regular durante este tiempo.

JA: Todo el trabajo es con personas reales: ¿cómo los conduces hacia donde quieres?

NB: Yo escribo un guion con diálogos porque me lo requieren las administraciones que dan dinero. Esto te impulsa a imaginar lo que quieres hacer, las posibilidades. Así que la imaginación se pone en marcha y avanza más que la realidad. Ya te empiezas a imaginar lo que podría sucederle a un personaje o lo que ocurriría si juntases a los que no se conocen. Este guion se basa en lo que sabes de ellos. No pones nada que sea inviable, o que no forme parte de sus vidas. Muchas veces son cosas que ya han ocurrido, que has visto pasar y que quieres que se repitan. Como les conoces bien, lo prevés y lo preparas, a veces dándoles direcciones distintas a cada personaje. Les dirijo como si fueran actores. Lo que pasa es que lo que les pido son cosas que ellos hacen. Observacional hay muy poco.

JA: ¿Qué pasó cuando se vieron en la pantalla?

NB: La primera vez se quedaron en estado de shock. Había sido mucho tiempo de trabajo, filmamos unas noventa horas, así que no sabían muy bien qué imagen se daba de ellos. No entendían. Se quedaron un poco extraños. Pero después les ha ido gustando cada vez más, sobre todo la parte en la que se reconocen los respectivos trabajos de cada uno porque nunca se habían sentido valorados de esta forma en lo que hacen. Han ganado en que se conocen mejor. Se han tenido que enfrentar a una representación de ellos sin sentir que están siendo falsos. Es un trabajo personal muy interesante. Más que una película, para ellos, es una experiencia.

JA: De la Berlinale a los Premios Europeos de Cine, pasando por el triunfo en los premios Gaudí y la nominación a los Goya, ¿cómo vives ese camino?

NB: Cuando terminas la película, estás destrozada física y mentalmente, no sabes lo que has hecho, si está bien o mal, ni lo que va a pasar. Solo tienes en la cabeza que has implicado a mucha gente. Nunca pensé la película para que se quedara en las fronteras de nuestro país, quería que un espectador internacional también se sintiera apelado por lo que cuenta. Entrar en la Berlinale te asegura un movimiento internacional, que se va a ver y eso es lo que merece la pena. Fue impresionante. Compartir con los protagonistas y con la gente del equipo todo esto produce una sensación de retorno, de que lo que te han dado es muy importante.

JA: Los premios, ¿te sirvieron para seguir adelante con mayor facilidad, o por el contrario, terminó el ciclo de la película y a empezar de nuevo?

NB: La sensación es de empezar de cero cada vez. Es muy efímero. Lo sabía así que no hubo sorpresa. Lo que sí me sorprendió es que financiar el siguiente proyecto me resultara tan difícil, incluso más que La plaga.

JA: Lo siguiente es Amb títol, un documental interactivo.

NB: Existen muy pocos web docs en el mundo, es un formato nuevo. En la Universidad Pompeu Fabra me propusieron dirigir un documental sobre experiencias de universitarios, la vida universitaria y qué función cumple. A mí me gusta probar cosas nuevas: formatos de duración distinta y la idea de la no linealidad. El hecho de que se pueda ver un fragmento y no otro es interesante porque pone en cuestión la idea de la obra y del autor. Creo que merece la pena probarlo y que tiene muchas posibilidades en el plano creativo.

JA: ¿Crees que el mecenazgo es una solución al problema de hacer cine en España?

NB: No conozco a nadie que pueda hacer sus proyectos de forma continuada con este sistema. No existe la tradición y, de momento. no va a ser una vía válida. Puede funcionar de forma puntual, pero no es sostenible. Existe una sensación muy extendida de tener que pedir por favor poder hacer tu trabajo. El buen cine hace una función en la sociedad: me parece lamentable que tengamos que llegar a este extremo.
En cuanto al micromecenazgo, el modelo se acaba convirtiendo en yo te pido dinero para mi proyecto y lo pongo para el tuyo. Tampoco es sostenible, aunque sí me parece una buena forma de empezar la difusión.

María en un fotograma de la película La plaga
María en un fotograma de la película La plaga
JA: Se habla siempre de dos cines antagónicos, el de entretenimiento y el de autor. ¿Qué hay que hacer para que el cine importe al espectador?

NB: Yo aspiro a que el cine que hago también sea entretenido, pero que no sea un entretenimiento vacío. Lo que me interesa más al filmar es llegar a una cierta profundidad de algo, no quedarte en la superficie de las cosas. Creo que la mayor parte del cine se hace muy rápido y pasando por encima. No es habitual que haya dos o tres capas y tener que ver lo que hay debajo, y es lo que a mí me gusta: que no sea una lectura clara, que no termines de entender algo, que realmente sea también un misterio, que te ofrezca algunas respuestas, pero pocas.

JA: ¿Quién está interesado en financiar ese cine combativo?

NB: Nadie. Lo que pasa es que algunos deberían estar obligados. Este cine tiene muy poco retorno económico. El retorno es a nivel personal y colectivo en la sociedad, pero no es cuantificable. Así que para quien financia el cine no cuenta. Por eso las administraciones públicas deberían asegurar que hay financiación, porque genera ese lugar que nos permite reflexionar sobre lo que somos, lo que hacemos y, así, nos ayuda a aprender a vivir. Si dejara de existir este cine, lo notaríamos.

JA: Te pregunto ahora como espectadora de cine, ¿sientes que las mujeres que aparecen en la pantalla se parecen a las mujeres reales de hoy?

NB: Hay pocas cosas interesantes. Echo de menos referentes. El cine, aparte de la emoción de vivir otras vidas, te permite aprender a envejecer o a enfrentarte a problemas. Es una recreación que le sucede a otro pero te podría haber sucedido a ti. Ves comportamientos. Sería muy útil que hubiera mujeres de todas las edades y condiciones para tener referentes de cómo actuar en la vida. Esto falta.

JA: ¿Crees que el público se da cuenta de esa ausencia?

NB: Las mujeres es probable que sí. Aunque más bien es al revés, cuando ves a alguien con quien te identificadas es cuando te preguntas cómo es posible que nadie hubiera hablado sobre esto antes. Te sorprende positivamente cuando debería ser al contrario.

JA: El hecho de que haya menos mujeres dirigiendo que hombres, ¿tiene que ver con esto?

NB: Claro, porque al final lo que cuentas es un reflejo de lo que vives, lo que tienes alrededor y lo que sientes. Lo pasas por tu filtro. No digo que la sensibilidad femenina sea esencialmente distinta de la masculina porque muchas veces no es así, pero es verdad que el 50% de la población está teniendo muchas dificultades para poder contar sus historias. Entre otras cosas porque, en muchos ámbitos, no existe la tradición que te proporciona la posición suficiente para hacer lo que crees. Muchas veces nos autocensuramos. He visto muchas compañeras que a la hora de hacer un proyecto más grande, cuando tienen que pedir dinero, convencer o meterse en un crédito, se plantean si no se estará pasando de atrevidas. Cuando un hombre, en general, no tiene tantas dificultades para eso. Nos faltan referentes también a las mujeres cineastas.

A menudo se considera que el éxito de los proyectos de mujeres es fruto de la casualidad. No se percibe en forma de carrera, de una intención, de un esfuerzo, ni se aprecia la continuidad. Con los hombres cineastas se sobreentiende que después de una película van a hacer otra, es una trayectoria. Para nosotras es más difícil.

JA: ¿Qué haría falta para superar esta situación?

NB: Los planes de estudios están equilibrados. En las escuelas de cine, a veces hay más mujeres que hombres. En los festivales de cortos, de documentales, de proyectos que requieren menos dinero, también está igualado. El problema viene cuando hablamos de proyectos de más dinero. Las mujeres tenemos un problema para acceder al dinero en el cine y en otros sectores. Ahora mismo no se me ocurre algo mejor que imponer cuotas, como está haciendo el Instituto Sueco de Cine donde, por ley, el 50% de la financiación pública va a proyectos de mujeres. La idea no es premiar proyectos que no sean buenos, sino encontrar los mejores. Hace dos años, casi todas las películas suecas que había en Berlín eran de mujeres, y en los premios nacionales de cine sueco habían ganado películas hechas por mujeres. De repente, en las salas había una oleada de espectadores nuevos interesados por un tipo de cine que no habían visto nunca. Ha habido una renovación del lenguaje a través de esta ley. Esto tampoco es tan complicado.

JA: ¿Qué planes tienes para el futuro?

NB: Hemos hecho un documental sobre Carmen Balcells, la agente literaria, que se va a emitir en Televisión Española. Desde que terminé La plaga he estado escribiendo el guion de una ficción; la historia de una chica adolescente española que viaja a un resort en Senegal con su familia para pasar las vacaciones de navidad allí. Nos falta completar la financiación y me imagino que el año que viene lo haremos. Como aún vamos a tener que esperar un tiempo hasta que se filme, tengo otro proyecto, más parecido a La plaga en cuanto a proximidad y manera de trabajo, que está protagonizado por dos fontaneros-electricistas de la misma zona.

Revista Minerva del Círculo de Bellas Artes

lunes, 30 de enero de 2017

El paraíso de Eva y Toño

Eroski Paraíso, la primera producción de la compañía Chévere tras recibir el Premio Nacional de teatro en 2014, llega al Matadero-Naves del Español de Madrid


Jueves 26 de enero de 2015. Matadero - Naves del Español. Madrid

Cartel de la obra de teatro Eroski Paraíso
Cartel de la obra de teatro Eroski Paraíso
¿Por qué? Porque es divertida y tiene conciencia social.
Disfruté viendo Eroski Paraíso. Me reí a carcajadas, con satisfacción, enamorado de la forma tan humana de hacer teatro que tienen en Chévere. Huyen de senderos trillados y apuestan por algo nuevo, una especie de «teatro pop». Vienen contentos a enseñarnos lo que hay en nuestro interior, lo que somos y lo que fuimos; sin revancha, pero con la conciencia clara de que en algún momento nos cambiaron las cartas y empezamos a perder la partida.

Estamos frente a un decorado, las estanterías de un supermercado, y asistimos al rodaje de una película documental. Alejandra, la directora, quiere reconstruir el día en que sus padres, Eva y Toño, se conocieron y en el que además ella fue concebida. Ocurrió en el Paraíso, una sala de fiestas que con el paso del tiempo se ha convertido en un supermercado Eroski. El padre de Eva tomó una fotografía de la pareja aquella noche. La descripción de aquella imagen y el deseo de encontrar su arraigo impulsó a Alejandra a emprender el proyecto de su película: Eroski Paraíso.

La obra mezcla castellano y gallego. Lo hace sin ningún trauma, con la misma naturalidad que se da en Galicia. No hay detalles que se pierdan por ello, nada que deje de entenderse. Y el público lo agradece porque sale enriquecido.

De Eroski Paraíso me gusta especialmente la capacidad que tiene la obra para ir siempre por donde nunca iría el pensamiento único que impera. El texto es inteligente. Se ha construido con ladrillos muy diversos: un poco de poesía, una simbología muy directa, algunas metáforas, memoria, diálogo intergeneracional, respeto y admiración por quienes cuentan sus historias en primera persona, mucho sentimiento de desarraigo, crudeza, recuerdos, conciencia social, sentido del humor, mucha frescura… El resultado es una obra llena de vitalidad, divertida, que nos obliga con naturalidad a pararnos sin prisas y profundizar en el dónde estamos. Miramos alrededor y la realidad es que el paraíso prometido se esfumó.

Acierta con el tono para hacer de una pequeña historia personal un gran reflejo universal en el que vernos. La obra va pintando una geografía local, la de la comarca de Muros en Galicia, con sus laderas y su arquitectura. Respiramos el mar, sudamos con el trabajo en el campo, descansamos con los sueños y miramos el presente huidizo, de desengaño, de viviendas comenzadas y nunca terminadas, de crisis profunda. Hay una identidad que se pierde y con ella algo nuestro.


Teaser promocional de la obra de teatro Eroski Paraíso
Otro de los pilares de Eroski Paraíso es la naturalidad. En eso tienen mucho que ver la actriz Patricia de Lorenzo y el actor Miguel de Lira y la frescura de sus interpretaciones. Son maravillosos. Ellos nos trasladan desde nuestro presente de supermercado al interior de un paraíso. Su verdad se hace sencilla y real. Escuchando a sus intérpretes la vida se cuela en el escenario, se va impregnado del alma que dejan sus historias, de un pasado y un presente que se miran. Nos resulta fácil entrar en el paraíso de Eva y Toño, recuperando los olores de cuando fuimos felices o aquellas anécdotas tan nítidas y vividas que casi nos pertenecen. Los recuerdos que deja una vida dura son a veces dulces y otras amargos. En ese camino de memoria colectiva, vamos recorriendo un rastro, el de una transformación social que ha ido convirtiendo los espacios de socialización en simples espacios de consumo. El capitalismo era eso.

A modo de pequeño anecdotario: Uno de los personajes de esta obra es Avelino, el abuelo de Alejandra, que tomó aquella foto a Eva y Toño en el Paraíso. Para interpretar este personaje en Madrid, Chévere realizó un taller con mayores de 65 años y después escogió a quien mejor se adaptaba al perfil del personaje y lo incorporó al elenco de la compañía para estas funciones. Es una forma de vincular la obra a la comunidad en la que se representa.

La República Cultural

domingo, 15 de enero de 2017

Culpas por pagar

Mala praxis inaugura el ciclo de teatro argentino en El umbral de Primavera


Viernes 13 de diciembre de 2017. El umbral de Primavera. Madrid

Cartel de la obra de teatro Sótano
Cartel de la obra de teatro Mala praxis
¿Por qué? Porque es pronto, aún le falta rodaje.
Llegar a una sala de teatro alternativo siempre abre interrogantes, supone apuestas, riesgos y el inicio de un camino. El umbral de Primavera ha conseguido un ambiente acogedor que estimula una buena sensación de comodidad, acerca a lo cotidiano el mundo del teatro y amansa todas esas incertidumbres de partida. En el amplio espacio del recibidor se combinan una galería de arte con exposición, la taquilla, el bar y un patio interior con mesas donde conversar amigablemente. Es un lugar agradable en el que el tiempo deja de pesar, una antesala donde descargar los prejuicios que se traen de fuera, una especie de limbo.

El umbral de Primavera ha programado un ciclo de teatro argentino que se inaugura con la obra Mala praxis de la compañía G.A.T.O. (Grupo argentino de teatro off). Se trata del estreno de esta obra, incluso antes de que se represente en Argentina. Lisandro Fiks es el autor, director y uno de sus tres intérpretes. Le acompañan sobre el escenario Romina Fernandes y Juan Luppi.

El término «mala praxis» lo utilizamos para referirnos a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia. Cuando se habla de mala praxis pensamos en médicos, y por ahí arranca la obra: en un despacho de un abogado que ha demandado a un prometedor cirujano por la muerte de la señora Duarte ocurrida cinco días después de una operación. Es hora de dirimir una culpabilidad, de asumir una responsabilidad por aquello que no hacemos bien.

Los médicos no nos caen bien. A menudo se les ve como seres altaneros y distantes. Así que intentamos que en nuestras vidas tengamos que verlos lo menos posible porque acudir a su consulta es señal de que nuestra salud no va bien, de que algo en nosotros se ha roto. Y entonces, cuando nuestra mala salud nos pone frente a ellos, les entregamos toda nuestra confianza. En sus manos depositamos también las esperanzas. El precio es que no fallen.

Mala praxis no sigue ese camino, se adentra en la búsqueda de la raíz que lleva al abogado a perseguir todas estas negligencias médicas. Nos va desnudando al letrado, su mundo, sus orígenes, tan en las antípodas del cirujano y sin embargo estableciendo una conexión entre ellos. Sobre el escenario se van esparciendo resentimientos, venganzas y el hundimiento del pilar sobre el que nos asentamos. Subyace un enfrentamiento entre desfavorecidos y privilegiados, entre los que nacen con apellido y los que nacen en la más absoluta soledad.

La obra juega a escarbar para ir ahondando en verdades construidas tal vez sobre barro. Nuestras verdades no suelen ser verdades universales y un viento puede hacerlas tambalearse porque debajo de toda realidad hay demasiadas posibilidades escondidas que hemos querido pasar por alto. En nuestras verdades abundan las justificaciones. Repartimos culpas y a veces nos conformamos con tasarlas poniéndoles precio y llegar a un acuerdo con la otra parte. 
 
La interpretación de los personajes llega con fuerza. Se asienta en ese antagonismo que los enfrenta, tanto en lo mental como en lo físico, y en trasladar sus estados de ánimo para que veamos todo el arco por el que van pasando los dos protagonistas. Es una pelea entre ellos y consigo mismo, entre lo que quieren y lo que deben hacer.

Reconozco que una primera representación no es la mejor función sobre la que hacer una crítica. La obra aún tiene que rodar, que encontrarse a sí misma y afinarse, algo que el tiempo y el trabajo va dando. No es extraño que aún le falte redondear el texto, encontrar el tiempo y el ritmo de los personajes para coger el empaque que necesita.

La República Cultural

lunes, 1 de agosto de 2016

Hace calor


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Tengo que buscar con quien hacer un pacto estable que nos permita a los populares, y a mí en primera persona, seguir mandando, pero hace calor, mucho calor. Con Rivera sumamos un poquito más, pero se nos va a quedar corto y eso de gobernar en minoría sé que no me va a gustar. Debería descolgar el teléfono, marcar un par de números y ponerme a negociar con los socialistas. Primero llamo a Felipe González, que seguro que me da ideas, y después que me pase con la que manda en Sevilla, que siempre se me olvida su nombre. En el fondo pensamos lo mismo. Después no me va a quedar otra que llamar a Pedro Sánchez. ¿Y qué le cuento? Que estos cuatro años voy a hacer lo mismo, pero sin que sea lo mismo. Si es que esto es sota, caballo y rey, que no se puede elegir mucho. Me va a pedir que le hable de la política económica que voy a aplicar, que le cuente cosas de las reformas… ¡Qué calor, Dios mío! Casi le digo a Cospedal si no le importa llamar a ella, que tiene manga ancha, que pacte lo que quiera, que seguro que está bien. Yo mientras me saco un helado del congelador y lo chupo un poco. Así muy despacio, aplicando la lengua por los bordes y mordiendo de vez en cuando. Lo importante es que no se derrita.

Se me olvidaba, que sigo siendo el presidente en funciones y que tengo que gobernar. Se me ha ocurrido congelar el gasto en julio, que la administración no contrate más hasta el 2017 y así no me crece el agujero. Me dicen que aún queda leche que ordeñar en el fondo de pensiones por si quiero hacer algún apaño más. ¡No aguanto este calor, ni pensar puedo ya! Menos mal que tengo a Sorayita. ¡Que tome decisiones, que para eso la puse de vicepresidenta! Sí, casi espero a ver que dice ella. Yo firmo y ya está.

¡Puff, tengo que ponerme a eso de elegir ministros! De momento los mismos, que ya sé cómo son y luego si eso voy cambiando alguno que se me haya quemado mucho. A Pastor la he mandado a la presidencia del congreso, así que al menos tengo que pensar en una mujer. Debería ponerme, pero ¡qué calor que hace! Y sin fútbol en la tele. Esto del verano es un rollo.

Tengo unas cosillas que me mandó Ángela, unos deberes me dijo, para que no se me olvide lo aprendido durante el curso. Tendré que echarle un ojo. Pero no ahora, qué hace mucho calor. No sé dónde dejé el memorándum que me dio. Bueno, ya le digo a de Guindos que si tiene un ratito para que se ponga él. Lo hace en un momento, da gusto verle trabajar. Es que ni se fatiga. No sé de donde habrá salido. Y esos trajes que se gasta y esas corbatas. Tengo que salir un día con él de compras.

Y ahora el teléfono. Es Jorge. No se lo cojo, que cada vez que me llaman de Interior es para meterme en un marrón. Que lo arregle solo, o con Marcelo, algunos comisarios de su cuerda y con los fiscales, que para eso los tenemos. Lo cojo, no lo cojo, lo cojo, no lo cojo… No. ¡Vaya calor que hace! Me bajo a la piscinita un rato. Es que tendría que levantarme de la silla. Casi que no.

Y de las cosas importantes de España. Bueno, esas ya se irán arreglando solas. Eso sí, cuando pase este calor.

Revista Gurb

miércoles, 13 de julio de 2016

La piel de toda mentira


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Explica Trillo que «España no estuvo en guerra, no envió combatientes a Irak». Lo dice seguro, con rotundidad, empleando ese tono imperativo de quien está acostumbrado a mandar, del que desprecia la inteligencia de los demás, del único que tiene la verdad de su parte aunque sepa a ciencia cierta que esa verdad que cuenta es mentira. No se ríe. Es radio, no se le puede ver la cara, pero estoy seguro de que no se le mueve un músculo, ni enrojece de vergüenza. Mantiene el tipo con arrogancia y la cara dura de piedra.

Y lo cierto es que me entran dudas porque no puedo olvidar que Federico Trillo entonces, en aquel momento del 2003 del que habla, era el Ministro de Defensa de España. No fuimos a la guerra, ya está, no hay más que hablar. ¡No lo va a saber él que era el que firmaba! Dice que mandamos unas pocas personas, militares todas, eso sí, a Irak, lo que se dice un «paquete de ayuda humanitaria». De pegar tiros nada. ¡Pobres, que ni balas se debieron llevar! Así que no seamos tiquismiquis. Rotundamente, no fuimos a la guerra de Irak. Lo repite varias veces. Afirma también que el gobierno del que formaba parte no empleó un doble lenguaje y que no mintió.

Nos hemos acostumbrado a esas frases imposible, a comulgar con ruedas de molino. Los ejércitos modernos ahora se dedican a salvar el mundo, a echar una ayudita por aquí y otra por allá. Ya no se les forma e instruye para la guerra, pero como es una pena desaprovechar esa fuerza joven tan obediente, donde haya que cavar hasta encontrar agua, construir un hospital… allí estarán ellos y ellas: valientes soldados de la paz. Va a resultar que a las guerras mandaremos a médicos, cooperantes y pacifistas para que terminen siendo incruentas.

Hace tiempo que la derecha nos robó el lenguaje, que lo manipula y lo ensucia, empleándolo en su beneficio, para construir con él la mentira que quiere, la que le interesa. Banaliza las palabras para mentir endulzando una falsa realidad en la que no se decrece sino que se mantiene un «crecimiento negativo», donde los despidos son «en diferido». Hace tiempo que la derecha dibuja un contexto tergiversado sin el menor pudor. No le importa dejar a la ciudadanía por el camino, en las cunetas. Lucha por sus intereses, los de una clase dominante y poderosa de la que son su ariete, con un mensaje construido por personas expertas en marketing. Esas frases inocentes dichas con esas palabras robadas a las que han vaciado de significado son la piel de toda mentira, la que casi es verdad, la que hay que rasgar para encontrar el mundo podrido y corrupto que hay debajo.

Me viene a la cabeza el cuento del traje del emperador: por mucho que nos hablen de las telas más suaves e innovadoras, de los dones especiales con la que está tejido el vestido que solo se hace visible a las personas inteligentes, lo cierto es que el emperador caminaba desnudo. Un niño inocente le gritó la verdad y se nos cayó la venda, nos atrevimos a dejar atrás toda nuestra tontería.

En este presente, alguien señalará con el dedo, se reirá y dirá «el presidente está desnudo». Ha ganado, pero no ha ganado. Debe formar gobierno, pero será un gobierno débil que deberá buscar el consenso y el bien común de la ciudadanía, porque si no sus leyes no progresarán, caerán una tras otra. Debemos enseñarles a ver la realidad, contarles que sus decisiones tienen consecuencias, que los delitos se pagan en la cárcel, que solo aprobaremos leyes justas.

Revista Gurb