sábado, 21 de noviembre de 2009

47FICXixón: Sábado de salas repletas

Las retrospectivas y los directores asturianos también tienen su espacio en el Festival


Por la mañana sopla viento, pero es caliente, lo que convierte la playa en una autopista de caminantes. Por la tarde, cuando el viento cesa, llueve despacio, como lo hace en el norte y la ciudad se llena del olor de las gotas de agua. Aquí apenas importa, nadie cambia sus planes por el tiempo, además no será para tanto, en un ratito parará seguro. Es fin de semana, día de descanso, y eso lo cambia todo en una ciudad obrera y trabajadora como ésta: las sidrerías se llenan de voces e historias entre risas y «culines» que van soltando la lengua. Al Festival también le afecta, llegan las colas, no quedan butacas libres en los pases…

Durante toda la semana hay encuentros de entrada libre donde los realizadores presentan su trabajo, lo muestran y comparten con los asistentes al pase lo que hay detrás del trabajo -las ideas, los motivos- y se exponen a las preguntas del público.

«La tierra de Óscar» acercando la realidad de la infancia en Mali

Dentro de la sección Esbilla, el director asturiano Alejandro Zapico presenta su cortometraje «La tierra de Óscar». Se trata de un proyecto que pretende llevar a los colegios españoles la realidad que viven los niños en Mali. En 14 minutos habla de cómo es allí la escolarización y la vida también, tan alejada de nuestras comodidades noroccidentales. Zapico quiere que los niños de aquí se impliquen y se le ha ocurrido que sean los alumnos de quinto curso de un colegio público los que pongan la voz al cortometraje. Es un buen sistema para acercarnos lo alejado, para mostrar lo solidario con un lenguaje sencillo.

«Los fugaos. Historias del silencio» se queda en intento

El maqui Fernández Ladreda en una instantánea del documental «Los fugaos. Historias del silencio»
El maqui Fernández Ladreda en una instantánea utilizada en el documental «Los fugaos. Historias del silencio»
También dentro de la sección Esbilla se proyecta el documental «Los fugaos. Historias del silencio» de los asturianos Juan Luis Ruiz y Lucía Herrera. Un documental extenso con la buena intención de recuperar la memoria que tanto necesitamos. Sin embargo no lo logra: deslavazado, carente de un orden, sin objetivo concreto, no va más allá de acumular material y temas. Dando tumbos, sin un hilo conductor ni una estructura narrativa clara, habla a un mismo tiempo de los maquis del monte y de los exiliados, pero no articula un mecanismo adecuado que ayude a comprender –o al menos situar- lo que los protagonistas van contando directamente a la cámara. No basta con la fuerza de las palabras cuando las conversaciones no se completan y se recurre al silencio de las palabras no dichas, o se salta de un tema a otro, sin zanjarlos y mezclándolos.

Manolín, «el de Llorío», uno de los fugaos que todavía vive, con su personalidad arrolladora se sale de lo académico para contar pequeñas pinceladas de lo que fue aquello. Sin embargo, el montaje del documental no permite comprender su discurso, primero por incompleto y segundo por no contextualizado.

«Al otro lado», cine de autor para golpear al espectador

Fatih Akin durante una rueda de prensa
Fatih Akin durante una rueda de prensa
Una de las posibilidades que suelen permitir los festivales es la de poder ver películas importantes de grandes directores. Largometrajes que muchas veces no tienen la distribución que se merecen en nuestro país. El Festival Internacional de Cine de Gijón ofrece esa oportunidad, como es el caso de la retrospectiva dedicada al director Fatih Akin. Su cine es tan directo como honesto, de autor, personal, cargado con una mirada diferente. Cierto que resulta un golpe para quien lo ve porque no tiene concesiones que lo debiliten.

Fatih Akin es un alemán joven de ascendencia turca, con una cultura mediterránea detrás que le obliga a contar historias. Lo hace a la perfección, a través de una estructura perfecta, con un guión rotundo y grandes actuaciones del elenco. «Al otro lado» es una búsqueda de la identidad personal de cada uno, algo que está en el corazón pero que no sabemos extraer y, a veces, ni siquiera ver. Nos parece que lo que buscamos está muy lejos y sin querer pasa al lado; son éstas las casualidades que en la película traen los problemas y que el director, con inteligencia, no recurre a ellas para ofrecer las soluciones, ya que éstas deben ser producto de la reflexión particular. Encontrar nuestro sitio en el mundo supone aceptarnos como personas; no hay recetas generalistas para ello, es un viaje individual.

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